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El silencio también es poesía

El silencio también es poesía

En silencio se aprende,

en silencio se escucha,

en silencio se besa,

en silencio las olas del mar cantan

y el eco de las montañas retumba.

 

El silencio es la poesía que todas y

todos deberíamos aprender a recitar,

pues en silencio se cruzan las mejores miradas,

se contemplan las mejores lunas

y se germinan las mejores palabras.

#Microcuento «Día de brisca»

#Microcuento «Día de brisca»

Salía de la habitación cada dos minutos. No parecía hacer nada en particular, quizá buscaba algo, o esperaba impaciente la llegada de una visita, puede que tan solo estuviese nerviosa, pero lo cierto es que llevaba horas entrando y saliendo de la habitación.

Miraba por la ventana, abría cajones, escuchaba los mensajes del contestador, rebuscaba en la nevera… ningún indicio de sus intenciones.

Solo se escuchaba la puerta abrirse y cerrarse, el resto de la casa parecía mantener un expectante silencio. Incluso el canario en su pequeña jaula mostraba una actitud extrañamente sigilosa.

La mujer, de unos 60 años de edad y con un aspecto algo descuidado, andaba por los pasillos sumida en sus pensamientos. Era martes, el día de la brisca en la cafetería de Marga, no obstante, ella aun no había salido de casa. Se dedicaba a ir de un sitio para otro, como si fuese a encontrar algo en cualquier momento. Finalmente, se sentó en la silla de mimbre junto a la mesa del salón, apoyó los codos sobre ella y reclinó la cabeza en sus manos. Mantuvo esta postura largo rato, pensativa. Parecía intentar descifrar el enigma mejor guardado de todos los tiempos. Se la veía frustrada.

Más tarde supe que era lo que rondaba por la cabeza de aquella señora.

No lograba recordar su nombre.

Que ni los hombres son de piedra, ni las mujeres somos de cristal.

Que ni los hombres son de piedra, ni las mujeres somos de cristal.

Basta ya de cuentos chinos.

 

Los chicos, los niños, los hombres: son buenos, pacientes, cariñosos y sensibles.

 

No son ese tío rudo apático que les hizo creer Hollywood, ni el machito alfa que muchos esperan que sea, y por desgracia el que muchos intentan aparentar.

 

Los hombres son amables y buenos, inteligentes, bondadosos, con una sensibilidad tremenda.

 

Lo sé, porque he sido uno de ellos. Yo, aún siendo mujer, he estado entre sus filas, he reído con sus bromas que también eran mías, he escuchado sus sentimientos, que los tienen, les he visto llorar. No como novia, o como amiga, no: como una de ellos.

 

Yo he jugado en su liga, he sido uno más, un colega, un amigo, un compañero y los conozco de cerca.

  

Te aseguro que no son eso que creen que deben aparentar, aunque la sociedad les empuja a hacerlo. Yo tengo un hermano con un corazón que no le cabe en el pecho, mi mejor amigo y confidente es un tío al que le enseñaron que los hombres no lloran, que llorar es de niñas y ser una niña está mal. Y mi padre se emociona hasta con una canción bonita, aunque intente disimularlo.

 

Los hombres no son de piedra. Si los miras de cerca verás un universo infinito.

Basta ya de generalizar estereotipos anticuados.

 

 

Y las mujeres, perdona que te diga, NO somos de cristal.

 

 

No nos vamos a romper por un comentario rudo. Al contrario, no he visto nada más fuerte y resistente que el ánimo inquebrantable de una chica, de una niña, de una mujer.

Yo he visto mujeres levantar un imperio.

 

Yo he visto chicas crear auténticas obras de arte con sus manos. Levantarse de las cenizas, luchar contra dragones y mazmorras. Esta sociedad nos señala y nos aparta, y aquí estamos. Fuertes, unidas, guerreras. Las mujeres no somos lloricas, ni flojas. Expresamos nuestros sentimientos, lo cual veo una virtud saludable de la que tomar ejemplo.

Hemos superado todas las adversidades de la historia. Somos vida y amor, pero somos mucho más que eso. Somos fuerza, coraje y valentía. A las mujeres nos sale una fuerza inmesurable de las entrañas, no necesitamos ayuda para abrir una puerta, o para pilotar un avión.

Mide tu amabilidad con el mismo rasero para hombres y mujeres y jamás será una ofensa.

Las mujeres no somos de cristal, olvídalo.

No somos el enemigo que los medios te quieren hacer creer. No debes luchar contra una amiga ni contra el género femenino.

No somos tu madre ni tu hija.

Somos la compañera con la que vas a luchar hasta que no quede aliento.

Somos hombres y mujeres que deben salir del estereotipo asignado, alzar la cabeza, mirarse a los ojos y luchar por la igualdad.

Porque unidos/as, sin miedo, conseguiremos la armonía que todos/as anhelamos.

La guerra entre hombres y mujeres es un invento.

Luchemos, pero luchemos unidas y unidos por la igualdad.

 

La sociedad contra los monstruos

La sociedad contra los monstruos

Hoy es un día para quedarse sin palabras, como tantos otros días, como por tantas otras mujeres. Pero precisamente por eso debemos buscar las palabras, no callar, no dejar de expresar nuestra repulsa, nuestra rabia, nuestra fuerza. ¿Dónde se esconden los monstruos? Viven entre nosotras. Seguramente se disfrazan de personas normales… Esto no es una lucha de hombres contra mujeres, ni de mujeres contra hombres. Esto es una lucha de la sociedad contra los monstruos. Existen, están entre nosotras/os… No sé cuál es la solución, pero esto parece una epidemia. Si no unimos nuestras fuerzas seguirán atacando. No toleremos ningún machismo, ni directo, ni indirecto, ni en forma de chiste… El machismo alimenta los monstruos, es su combustible. Hacer un comentario machista no te convierte en asesino, pero sí que sirve para encubrirlos, para justificarlos. Necesitamos que la justicia nos ampare; persiga y condene a los monstruos. Y para ello debemos gritar muy fuerte, TODAS Y TODOS. Porque la lucha es de la sociedad contra los monstruos. 

Persiguiendo el pasado – Mi primera novela

Persiguiendo el pasado – Mi primera novela

¿En qué se convierten los sueños cuando se vuelven realidad? Tengo mi primera novela entre las manos, y no sabría explicar la sensación. No quiero compararlo con un hijo/a, pero en cierto modo lo es. He gestado cada palabra con mimo y esmero, he vivido con cada personaje, respirado sus penas y alegrías… Empezó como un reto, pues aunque llevo escribiendo desde que fui capaz de sostener un lápiz, jamás había sobrepasado las 10 páginas… 150 era mi objetivo, todo un salto al vacío… Cuando pasé de la página 11 ya sentía cosquillas… Cuando llegué a 100 no me lo creía ni yo, y pronto superé la barrera de las 150 páginas… Fue en todo momento un viaje, una aventura, un amor… Estaba deseando llegar a casa y ponerme frente al ordenador, pensaba en lo que pensarían mis personajes, tomaba notas a todas horas para no olvidar las ideas.
Terminar la novela fue el colofón, cerrar el círculo, ponerle el broche… Mi mente bullía de emoción, cada día repasaba mentalmente una y otra vez la historia, para no dejar flecos, para encajar cada detalle.
Os contaría mil anécdotas de esta aventura, pues cada capítulo tiene guiños hacia mi vida, hacia el día a día que me rodeaba… Pero os lo iré contando poco a poco, por el momento os invito a leer este pedacito de mi.
Ya se puede encargar en las librerías, y te invito a venir a alguna de las presentaciones, y así comentarlo en persona.
Ya tenemos fechas: Jueves 13 Benidorm, Jueves 20 Valencia. ¿Quieres saber más? Guarda esas fechas y prontito te cuento más 😊
Esta aventura acaba de comenzar, y ahora queda lo mejor, compartirla con vosotros/as…💕 _

Desconecta para conectar

Desconecta para conectar

Y por un instante, se detuvo.

Tomó aire.

Y recordó

que una vez fue niño/a.

Que descubrió montañas.

Que se bañó en el mar,

saltando las olas.

Que la luna le vio jugar.

Que el sol doró su piel.

Y que no necesitaba wifi

para todas las cosas importantes de la vida,

como para los abrazos,

como para sonreír.

La vida es un juego de máscaras

La vida es un juego de máscaras

La vida es un juego de máscaras.

Y tú, ¿a quién juegas ser?

En una sociedad dónde los cánones están impuestos desde arriba, parece impensable salirse del patrón y no encajar a la fuerza en unos de ellos. Nos etiquetaron, sí, llevas marcada la frente, aunque no te pares a mirarte. Eres la hija que intenta satisfacer las expectativas de la familia, aunque ello conlleve traicionar tus instintos. Eres el trabajador que agacha la cabeza mientras tolera otra injusticia. Eres esa persona que finge una sonrisa para no afrontar la realidad. Eres la pareja que mira hacia otra parte para no reconocer la infelicidad. Eres la persona sentada en el sillón quejándose de tiempos mejores. Eres la lesbiana que se escusa con bisexualidad para complacer oídos y el gay que finge interés por las tetas. Eres el más hombre blasfemando sobre la falda de una mujer. Eres el fanático que le grita a la tele. Eres el machito del grupo insultando al más débil, o el compañero que sonríe con tal de no ser blanco de diana. Eres la mujer que critica a otra mujer por recelo. Eres quien mira de reojo a los inmigrantes porque en la tele dijeron que eran el enemigo. Eres la persona que se esconde tras una bandera, del color que sea.

Eres la persona que se pone una máscara al salir por la puerta de casa, para encajar en ese rol asignado, porque es mucho más fácil ser la hija dócil, el trabajador sumiso, el que no da problemas, la que no lleva la contraria y siempre sonríe, el fanático. Es más fácil echarle la culpa a otro, ser la pareja perfecta, no desentonar en la sociedad, ser el líder del grupo, la que mira por encima del hombro, el que en vez de razonar prefiere ajustarse a un discurso.

Es más fácil cumplir un rol que afrontar la realidad, quitarte la máscara y destapar tus verdaderos anhelos, mostrarte al mundo tal cual eres y desnudar tus ojos. Es más fácil encajar que romper el molde. Es más fácil ser una marioneta que ser valiente.

 

Fotografía: Carnaval de Berna, Suiza – Noelia Hernandiz

El aroma de la inspiración

El aroma de la inspiración

Si la inspiración tiene un aroma, debe ser a café. No cualquier café, claro, sino de los buenos, de esos que con el primer sorbo te remueven el paladar y te encienden las ideas.

La creación de mi novela está llena de olores a café, de horas frente al ordenador, de ilusión, de leer y releer, de incertidumbre y una canción, pero eso ya te lo contaré más adelante… Ahora, que cuento los minutos para que este gran reto en forma de libro cobre vida, sigo acompañado mis momentos con buen café, y cómo no, de buena compañía con quien compartirlo. 

Sobre el todo y el nada

Sobre el todo y el nada

Dime que no soy la única que vive entre el todo y el nada.

Dime que a ti también te pasa y respiraré más tranquila.

Yo hay días que me levanto con todas las ganas, que salto de la cama y canto mientras preparo el desayuno, que pienso en lo que tengo que hacer durante el día y sonrío, que me pongo las zapatillas y salgo a correr, que disfruto invirtiendo dos horas en hacer una receta super rica y saludable, que parece que hasta me apetece limpiar la casa, que si te descuidas paro y limpio el coche también, que me pongo a escribir y me faltan hojas, que me quito los marrones de un plumazo y me siento más ligera, que canto las canciones de la radio aunque no me las sepa…

Y otros días que las sábanas me boicotean y se me enredan traicioneras, que me preparo el café con un ojo cerrado todavía, que como alguien cante le gruño, que podría dormirme encima de la mesa del trabajo, que si pienso en salir a correr me da un tirón en el gemelo, que sólo de pensar en hacer la cena me flaquean las piernas y me como cualquier cosa de la nevera con tal de no manchar una sartén…

Y así van mis días, entre el todo y el nada, y si busco el equilibrio me tropiezo, y que digo yo que no pasa nada si hoy no tengo ganas… Mañana lo arreglo todo.

Castillos en el aire

Castillos en el aire

No importaban las veces que se los había llevado el aire. Ella se sentaba en la arena y con paciencia e ilusión los volvía a construir.

Levantaba cada torre y cada muro con el entusiasmo de la primera vez, soñaba con que un día la estructura sería tan fuerte que resistiría las envestidas y duraría para siempre, tal como lo hacía en su imaginación. Ella soñaba… Pero sus sueños se los llevaba el viento también.

Cada derrumbe provocaba un suspiro de tristeza en su corazón. Se preguntaba en qué se había equivocado. Llevaba mucho tiempo intentándolo, demasiados intentos quizás, aunque nunca son demasiados hasta que consigues tu propósito… Cada caída desgastaba su ánimo, pero se mantenía firme, creía en su idea. Y con sus manos volvía a juntar montoncitos de arena y empezaba de nuevo, a construir con ilusión. Y el brillo encendía sus ojos una vez más, en ocasiones durante un tiempo, otras veces tan solo duraba unos instantes… Y el viento se lo llevaba de nuevo.

Ella creía en el amor verdadero. Y no iba a dejar que la desconfianza se apoderase de sus entrañas, por muchos desengaños que hubiese sufrido. Por muchas falsas esperanzas, por muchas palabras vacías y promesas de mentira que su piel hubiese saboreado. Amargos desenlaces. Dolor. Decepción… Y vuelta a empezar.

Pero ella creía firmemente en el amor verdadero, y no quería cambiar. Sabía que era una ilusa por seguir confiando su corazón una y otra vez, por creer las palabras que siempre resultaban ser solo eso; palabras. Ella seguía creyendo que cuando alguien dice que va a hacer una cosa, es que la va a hacer. Por muchas veces que le hubiesen demostrado lo contrario. Y es que ella sabía que el día que apareciese el amor de su vida, la querría como es. Ilusa y confiada. Entregada al amor, sin miedo. Y ella sería sincera y consecuente, sin miedo también.

Una tarde, mientras reunía montoncitos de arena una vez más, un corazón libre, de ojos brillantes y alegres se sentó a su lado. La miró con curiosidad unos segundos, hipnotizada. Y sin mediar palabra se puso a juntar arena también. Se cruzó una sonrisa de complicidad.

Y allí se quedaron, construyendo juntas castillos en el aire.

Late cada segundo.

Late cada segundo.

Que las manecillas del reloj marquen el flujo de tus impulsos. Implacables, imparables, pues nada frena al tiempo, y nada debe frenarte.

Sigue latiendo, soñando y persiguiendo con esfuerzo tus deseos. Deléitate en cada movimiento. Siente con fuerza, pues el tiempo no regresa. Disfruta del camino hacia la meta, cuando llegues mirarás atrás y añorarás lo que hoy proyectas.

Asume los riesgos con pasión. Sigue tus instintos con tesón. Si eres fiel a ti misma/o, el tiempo te dará la razón.

Mientras tanto late. Pon sentimiento en cada palabra, en cada mirada. Pues lo que ofreces recibes de una u otra forma.

Llena tu tiempo de sonrisas y regala buenas intenciones incluso a quien no conoces. Cada segundo es una nueva oportunidad, comparte lo mejor de ti en cada momento. Esto te hará crecer por dentro, y la felicidad te invadirá sin mesura.

Agradece cada minuto y sonríe a la vida. Late con pasión tus días.

Sociedad sin reflejo

Sociedad sin reflejo

Este es el reflejo de la sociedad en la que nos quieren hacer vivir. Vacío. Alguien se esfuerza mucho porque seamos solo números, peones de un juego que no entendemos, marionetas invisibles que corren hacia la muerte, productos que más tarde auto-consumimos. Lo primordial para salir de la rueda, es saber que existe. No vivas adormecido/a por los medios, no te dejes intoxicar por la opinión pública, construye una propia, vive tu propia vida. Sal de la partida, no cumplas con lo establecido, no sigas el camino que otros marcaron para ti, busca el que te haga feliz. No seas una persona sin rostro, se plenamente tú. 


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Partitura del amor

Partitura del amor

Dicen que en el amor, somos como una partitura musical. Cuando somos jóvenes el pentagrama está en blanco y cuando nos enamoramos, es muy sencillo crear hermosas partituras a besos.

Pero a lo largo de la vida, la partitura se va llenando de símbolos y notas, borrones y rectificaciones, de las que aprendemos, pero dejan huella. Despedidas, besos robados, lunas salvajes, celos, traición y caricias anheladas…

Llega un momento, en el que nuestro propio pentagrama está tan sobrecargado que es difícil sentarse a componer con la persona amada. Al combinar las experiencias vividas pueden surgir notas desafinadas y estridentes, y es que por mucho que amemos a la otra persona, todos/as llevamos muchas melodías a las espaldas.

Pero existe una esperanza. Una posibilidad remota

pero no imposible.

Y es que al mirar a sus ojos comprendas que merece la pena empezar una nueva página, rompas las viejas partituras y te atrevas a soñar nuevas melodías. Que abras tu corazón y compongas sin miedo, con amor y valentía.

Rompe la estructura y pinta notas musicales en las nubes, en la arena… Mira en lo más profundo de sus ojos e invítale a bailar bajo la luna. Abraza la eterna sinfonía de fluir al compás de la vida.


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