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Dicen que en el amor, somos como una partitura musical. Cuando somos jóvenes el pentagrama está en blanco y cuando nos enamoramos, es muy sencillo crear hermosas partituras a besos.

 

Pero a lo largo de la vida, la partitura se va llenando de símbolos y notas, borrones y rectificaciones, de las que aprendemos, pero dejan huella. Despedidas, besos robados, lunas salvajes, celos, traición y caricias anheladas…

 

Llega un momento, en el que nuestro propio pentagrama está tan sobrecargado que es difícil sentarse a componer con la persona amada. Al combinar las experiencias vividas pueden surgir notas desafinadas y estridentes, y es que por mucho que amemos a la otra persona, todos/as llevamos muchas melodías a las espaldas.

Pero existe una esperanza. Una posibilidad remota

pero no imposible.

Y es que al mirar a sus ojos comprendas que merece la pena empezar una nueva página, rompas las viejas partituras y te atrevas a soñar nuevas melodías. Que abras tu corazón y compongas sin miedo, con amor y valentía.

 

Rompe la estructura y pinta notas musicales en las nubes, en la arena… Mira en lo más profundo de sus ojos e invítale a bailar bajo la luna. Abraza la eterna sinfonía de fluir al compás de la vida.


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