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Basta ya de cuentos chinos. Los chicos, los niños, los hombres: son buenos, pacientes, cariñosos y sensibles. No son ese tío rudo apático que les hizo creer Hollywood, ni el machito alfa que muchos esperan que sea, y por desgracia el que muchos intentan aparentar. Los hombres son amables y buenos, inteligentes, bondadosos, con una sensibilidad tremenda. Lo sé, porque he sido uno de ellos. Yo, aún siendo mujer, he estado entre sus filas, he reído con sus bromas que también eran mías, he escuchado sus sentimientos, que los tienen, les he visto llorar. No como novia, o como amiga, no, como una de ellos. Yo he jugado en su liga, he sido uno más, un colega, un amigo, un compañero y los conozco de cerca. Te aseguro que no son eso que creen que deben aparentar, aunque la sociedad les empuja a hacerlo. Yo tengo un hermano con un corazón que no le cabe en el pecho, mi mejor amigo y confidente es un tío al que le enseñaron que los hombres no lloran, que llorar es de niñas y ser una niña está mal. Y mi padre se emociona hasta con una canción bonita, aunque intente disimularlo.
No son de piedra. Si los miras de cerca verás un universo infinito. Basta ya de generalizar estereotipos anticuados.

Y las mujeres, perdona que te diga, no somos de cristal. No nos vamos a romper por un comentario rudo. Al contrario, no he visto nada más fuerte y resistente que el ánimo inquebrantable de una chica, de una niña, de una mujer. Yo he visto mujeres levantar un imperio. Yo he visto chicas crear auténticas obras de arte con sus manos. Levantarse de las cenizas, luchar contra dragones y mazmorras. Esta sociedad nos señala y nos aparta, y aquí estamos. Fuertes, unidas, guerreras. Las mujeres no somos lloricas, ni flojas. Expresamos nuestros sentimientos, lo cual veo una virtud saludable de la que tomar ejemplo. Hemos superado todas las adversidades de la historia. Somos vida y amor, pero somos mucho más que eso. Somos fuerza, coraje y valentía. A las mujeres nos sale una fuerza inmesurable de las entrañas, no necesitamos ayuda para abrir una puerta, o para pilotar un avión. Mide tu amabilidad con el mismo rasero para hombres y mujeres y jamás será una ofensa.
Las mujeres no somos de cristal, olvídalo.
No somos el enemigo que los medios te quieren hacer creer. No debes luchar contra una amiga ni contra el género femenino. No somos tu madre ni tu hija. Somos la compañera con la que vas a luchar hasta que no quede aliento.
Somos hombres y mujeres que deben salir del estereotipo asignado, alzar la cabeza, mirarse a los ojos y luchar por la igualdad. Porque unidos/as, sin miedo, conseguiremos la armonía que todos/as anhelamos.

La guerra entre hombres y mujeres es un invento. Luchemos, pero luchemos unidos/as por la igualdad.

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